Programé una cita con la reflexión, aunque llegué tarde me recibió. Me mostró todas las facturas, sacó auditorías recientes, gráficas y símbolos varios acompañados por un signo.
Me explicó que el estado en el que nos encontrábamos no era culpa mía.
¿A qué se debe que hayan sido las cosas así? no lo sé, pero me aseguró que estábamos a tiempo de reemplazar a ciertas personas.
Yo defendí a muchas, las que en algún momento fueron importantes, las que realizaron proyectos, las que me dieron una nueva perspectiva cuando pensé terminar con esta empresa. Y por su puesto a ti.
Admirable, encantadora, divertida, hermosa… ¡perfecta!
Por más que quise convencer a mi nuevo asesor de tu retención, me explicó que ese puesto no era para ti, que no encajabas, que ese “menos” era por tu culpa.
No te debiste de haber metido a mi empresa, no sé quién te recomendó, no sé cómo ascendiste tan rápido, pero me acostumbré a tenerte cerca, para mí era común verte todos los días aquí.
Es por eso que programé esta cita, para decirte que valoro todo lo que has hecho en “el puesto”, pero el peligro que estamos corriendo es a causa de ti, y por eso sé ahora que no eres quien debe estar ahí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario